7 de diciembre de 2014

El Báculo de Plutarco: ante un gran desafío, un rotundo éxito

El pasado viernes se publicaba el vigésimo tercer tomo de la ya mítica serie que narra las aventuras de Francis Blake y Philip Mortimer, creada por Edgar P. Jacobs en 1946, titulado El Báculo de Plutarco. Esta vez, los autores, Yves Sente por el guión y André Juillard por el dibujo, se han decidido por el gran reto de explicar todos los enigmas de El Secreto del Espadón, el primer álbum de los héroes británicos, con una precuela que nos lleva a los orígenes de la colaboración entre el capitán Blake y el profesor Mortimer, a la vez que hace un recorrido por los entresijos del espionaje en la Segunda Guerra Mundial. A continuación expongo detallada y argumentadamente mi opinión sobre esta nueva entrega, acompañando mi análisis de extractos en alta resolución del álbum, proporcionados por Dargaud. ¿Empezamos?
 

En lo que respecta al guión, estoy de acuerdo con los que señalan que Yves Sente ha hecho un trabajo merecedor de aplauso (mucho mejor que el de Jean Dufaux en el tomo 22, publicado en 2013). Explicar una Tercera Guerra Mundial surgida prácticamente de la nada en la historia de Jacobs (que, por otra parte, escribía la historia cada semana para una revista, por lo que tampoco podía elaborar mucho sus explicaciones previas a la acción), además de cuadrar todos los personajes y hechos en una historia original y coherente requiere esfuerzo y talento. Sin lugar a dudas, Sente ha sabido estar a la altura, ofreciendo un argumento sólido, convincente, interesante y que crea intriga, cosa que se aprecia leyéndolo diariamente. El número de viñetas está bien dosificado, ayudando a la fluidez del relato, y las secuencias están entretejidas de forma que solo al final el lector ve que todo encaja. Por si esto no fuese poco, el volver a casa cada día, encender el ordenador y leer una tira cada 24 horas y durante varios meses a través del diario belga Le Soir me ha proporcionado muy buenos recuerdos y emociones.



Una de las partes más criticadas del álbum anterior, La Onda Septimus, fueron las planchas en las que intervino Étienne Schréder para ayudar a Antoine Aubin a cumplir con el calendario, dando resultado a una gran bajada de calidad (como ya expliqué en mi crítica del álbum). En el tomo 23, Schréder sólo interviene entintando los decorados y lo cierto es que el resultado es generalmente satisfactorio. El trazo fino del dibujante no se nota apenas, fundiéndose muy bien con el estilo de Juillard, excepto en los fondos de la plancha 58 y en la portada de la edición en planchas, cuyo entintado deja que desear (la composición y el coloreado no son malos, pero la portada de la edición en tiras está mucho más cuidada). Aun con esto, el trazo de Juillard está pasando por un excelente momento, igualando y superando a veces al de la anterior entrega del tándem, si bien también hay excepciones, como algunas caras. El empleo de la técnica del lavado (es decir, aquella en la que se diluye un color para obtener diferentes intensidades del mismo) en una tira, que muestro a continuación, resulta original y muy apropiado para la escena.



De una forma u otra, Juillard cumple con las expectativas y mantiene el ascenso cualitativo y cuantitativo que viene protagonizando desde que su lápiz retrató a los dos hérores británicos a finales del siglo pasado. Sabiendo que ha tenido poco más de un año para trabajar en el álbum, el resultado logrado adquiere más mérito por su constancia, ya que no se notan altibajos en el trazo. Todo ello, perfectamente acompañado por el coloreado de Madeleine de Mille, estelar una vez más, y que combina los nuevos estilos con el toque antiguo que tan bien sienta a la serie. Los tonos utilizados son generalmente claros, pero con contrastes acertados que dan relieve a las planchas, a la vez que realzan la acción. Los fondos de color neutro, que Jacobs comenzó a utilizar en sus últimos álbumes, están empleados con mucho ingenio y cumplen con rigor su función de centrar la atención del lector sobre los personajes y de descargar las planchas, a veces demasiado repletas de decorados detallistas.




En conclusión, volvemos a tener en nuestras manos un Blake y Mortimer con todas las letras: con un guión a la altura, un dibujo digno, un coloreado espléndido y, dicho sea de paso, una buena encuadernación y presentación. Tras el desastre del final de La Onda Septimus, Yves Sente y André Juillard firman una gran precuela del primer álbum de la serie, que mantiene al lector con el ejemplar en las manos desde el principio hasta el final, visita lugares clave y además muy interesantes (Scawfell, Gibraltar, Bletchley Park, etc.) y desvela muchos enigmas, creando un telón de fondo que aporta credibilidad, solidez y realismo a las aventuras del capitán Blake y del profesor Mortimer. Me atrevería también a decir que creo que es una de las mejores continuaciones de la serie, y sin duda la mejor firmada por Sente y Juillard. No puedo sino añadir que espero impacientemente la próxima entrega de este tándem, con la esperanza de que sea igual o mejor que la que acabo de comentar. Un éxito en toda regla.


Gracias a Dargaud por las imágenes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario