7 de julio de 2017

La Puerta de Orfeo: el retorno de Jacobs

Hoy continuamos con una de nuestras series de artículos más longevas: mis reseñas personales de los álbumes de la serie. Tras mi reseña del primer tomo de La Maldición de los Treinta Denarios, que publiqué aquí la semana pasada, hoy es el turno del segundo tomo, titulado La Puerta de Orfeo, escrito por Jean Van Hamme, dibujado por Antoine Aubin y Étienne Schréder, y publicado por primera vez en 2010. Como la primera parte de esa aventura, marcó un antes y un después en la serie...


De entrada, conviene remontarse al periodo entre 2006 y 2009, cuando Chantal de Spiegeleer, la viuda de René Sterne, luchaba contra el calendario para acabar el primer tomo. La situación de la serie entonces podría calificarse de delicada: Sente y Juillard apenas habían empezado a trabajar en su próximo álbum (que acabaría siendo El Juramento de los Cinco Lores), y la propia Chantal había renunciado a dibujar el segundo tomo. Dargaud quería publicar los dos tomos de la aventura con solo un año de diferencia, por lo que necesitaba encontrar un dibujante, y rápido. El elegido, gracias a este proyecto, fue Antoine Aubin. Para ayudarle a ceñirse a los plazos marcados por la editorial, Dargaud contrató también a Étienne Schréder, quien ya había ayudado a Ted Benoit y a la propia Chantal con varios decorados, y que ahora se encargaría de entintar varias planchas del nuevo álbum. Y es ahí donde empiezan los problemas del álbum...


De entrada, creo que el guion, a pesar de las críticas que ha recibido, se mantiene al nivel del tomo anterior. De hecho, hay secuencias incluso mejores, como la del hundimiento del Arax, que mezclan acción con suspense como solo Van Hamme sabe hacerlo. Mucho se ha dicho sobre el final del álbum y sus semejanzas con una de las más famosas películas de Indiana Jones, En Busca del Arca Perdida, pero lo cierto es que las últimas páginas tienen un toque de misticismo que casa muy bien con una aventura que, a fin de cuentas, gira en torno a una reliquia (los treinta denarios de Judas). En este volumen, además, Blake pasa de su papel testimonial en el primer tomo a estar en el centro de la acción, recordándonos por qué los mejores álbumes de la serie son aquellos en los que Blake y Mortimer comparten protagonismo a partes iguales (valga como ejemplo la mejor aventura de la serie, El Secreto del Espadón). En cuanto a Olrik, esta no es una aventura en la que destaque particularmente, aunque, como bien apuntaba Sente, si tuviese un papel importante en todos los álbumes se en poco más que un cliché.


Es en el terreno gráfico en el que este álbum brilla sobre muchas de las otras continuaciones, pero a la vez cae en errores que lo rebajan al nivel de algunas de las planchas finales de La Extraña Cita. Antoine Aubin es el nuevo Jacobs: su trazo capta a la perfección la esencia de la serie, retratando a Blake, Mortimer y Olrik de forma que en algunas planchas su trazo apenas se distingue del del maestro. Aubin, respetando siempre los cánones de la serie, insufla nueva vida a los personajes con algún que otro toque personal, dando lugar a verdaderas joyas (planchas 1 a 29 del álbum). Sin embargo, las cosas se tuercen considerablemente a partir de la plancha 30, cuando Étienne Schréder toma las riendas del entintado. El trazo de Aubin aún se deja sentir fuertemente (al fin y al cabo, Schréder se limitó a entintar sus bocetos), pero las caras están mucho peor dibujadas que en las planchas entintadas por Aubin, especialmente en las secuencias de la cueva del final del álbum. Por otra parte, el trazo de Schréder es demasiado fino, por lo que no solo muchas caras quedan peor, sino que muchos decorados pierden realismo y la naturalidad de los que los dota Aubin. Con Schréder, el álbum pierde mucha calidad gráfica, dejando un sabor amargo después de leer lo que por lo demás es una de las mejores continuaciones de la serie creada en 1946.


En suma, se trata de un álbum cuyo guion es continuista con respecto al tomo anterior, y cuyo dibujo sufre de altibajos debido a la intervención de un segundo dibujante. Pero, lo más importante, es el primer álbum de Blake y Mortimer en el que interviene Antoine Aubin, un muy prometedor sucesor de Jacobs. Veremos qué nos depara su próximo álbum, Ocho Horas en Berlín, a la venta el año que viene.


1 comentario:

  1. Recuerdo que lo que más me gustó fue el coloreado de los espléndidos dibujos de Aubin, especialmente las escenas del Arax y de la Isla. Sobre todo muy bien documentado, tanto en el guión como los detalles del dibujo.

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